Lead

Jun 23 16 4:51 AM

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I'm sorry, it is only for Spanish readers, but those who don't understand can imagine the content just with the title and the ending sentence:

"General consensus when it comes to considering ANOHNI like the performance that branded the second day of Sónar 2016... And one of the best of the year?"

"Concert of the year? No. Gentlemen. No. Concert of life, rather."

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Y vamos ya a por el Sónar de Noche y, sobre todo, vamos ya a por ANOHNI, que aquí y ahora tendré que nominar como el equivalente a la vez que negativo de la actuación de Arca en la edición pasada del festival. Equivalente por ser uno de esos directos en los que sientes que la música avanza hacia adelante, hacia fronteras no exploradas todavía bien lejos de las zonas de confort de la música en directo. Y negativo porque lo que en Alejandro Ghersi fue oscuridad y diálogo con un futuro en el que no hay espacio para las ideas, sino sólo para las sensaciones especulares y fracturadas como un espejo que acaba de estallar contra el suelo, en el caso de ANOHNI fue luz y emociones puras, por mucho que partieran de un discurso a priori bastante tétrico y pesimista. 

La actuación se abrió con Daniel Lopatin (Oneohtrix Point Never) y Ross Birchard (Hudson Mohowake) cada uno en una punta del escenario, mirándose el uno al otro y separados por una especie de pasillo en el centro del escenario por el que todos esperábamos que saliera ANOHNI. Curiosamente, y marcando a fuego la dinámica del concierto, la artista no apareció en el escenario hasta el final de la primera canción, “HOPLESSNESS“, dejando que los protagonistas fueran la música por un lado y unos visuales en los que aparecía un primer plano frontal de una mujer cantando la canción. 

Cuando por fin salió al escenario, ANOHNI lo hizo cubierta en una especie de ropaje negro de los pies a la cabeza, sin mostrar su cara en ningún momento del concierto. Sólo podían verse sus manos danzando al son que marcaban sus dos compañeros… Y esto, considerando cómo ha transcurrido la carrera de la artista, no se puede tomar de otra forma que como una elocuente declaración de intenciones. Al fin y al cabo, el primer disco de ANOHNI podría haber tratado perfectamente de su transición de hombre a mujer, y seguro que eso hubiera vendido sobre el papel cuché mucho más que la infidelidad de Jay-Z en el último trabajo de Beyoncé. Sin embargo, si en el disco resulta interesante cómo ANOHNI se elimina a sí misma del centro de las canciones para dar paso a un mensaje puramente sociopolítico, no es de extrañar que en directo apareciera amortajada en aquellas extrañas ropas que, de nuevo, la eliminaban del concierto para dejar en primer plano lo que verdaderamente interesa. El mensaje. 

De forma sublime, sin embargo, ese mismo mensaje se desplegó sobre el público de forma compleja y con múltiples capas de sentido. Puede que gran parte de los asistentes (casi la totalidad, diría yo) pillara el discurso en torno a temas candentes como la guerra destructiva utilizando drones, la violencia de género o la ecología más beligerante, pero estoy prácticamente convencido de que, ante un concierto como el de ANOHNI, no hace falta saber inglés para entender y sentir el calado emocional que se desprende de todos estos temas. Siendo la artista como es, alguien que crea abriendo el pecho en canal para extraer el corazón si hace falta, está claro que su militancia política y ecológica no podía quedarse en la proclama inane, sino que a través de sus canciones podías sentir bajo tu propia piel el dolor que todas estas problemáticas infligen en el mundo entero. Empatía, que se le llama. Empatía, que muchos artistas olvidan que es la base de todo arte. 

Resultaba curioso, sin embargo, contemplar a ANOHNI bailando de forma totalmente animada las canciones de su concierto mientras, entre el público, todos nos mirábamos unos a otros y hacíamos gestos del tipo “no puedo dejar de llorar”. Esto me hizo recordar que, desde un buen principio, ANOHNI afirmó que el cambio de nombre de su proyecto musical respondía a un cambio de rumbo en lo musical, ya que pretendía explorar la música de baile con lo que finalmente fue “HOPLESSNESS“. En directo, y viéndola danzar como una posesa sobre el escenario, tuve que obligarme a hacer el ejercicio de intentar escuchar la música sin su voz, sin las emociones intrínsecas a su garganta. Y sí, hay que reconocer que la mayor parte de las canciones funcionarían como temas de baile… 

¿Existe algo más bello que alguien que es inconsciente de su capacidad de crear belleza? Eso mismo fue ANOHNI sobre el escenario: puede que ella sienta las canciones como puro motor de baile (que, por otro lado, lo son), pero impacta sentir cómo esa potencia de danza electrónica se ve dulcemente aplastada por su presencia, su voz, su capacidad para transmitir emociones y también los visuales de mujeres cantando las canciones en primerísimos primeros planos repletos de intensidad dramática. 

¿Concierto del año? No. Señores. No. Concierto de la vida, más bien. 


Source (excerpt)  http://www.fantasticplasticmag.com/sonar-2016-17-julio/